martes, 1 de abril de 2014

"La violencia social y el delito son frutos de la desigualdad" Roxana Kreimer


ALMO .- "No es la pobreza, la falta de educación o el desempleo lo que determina el mayor o menor grado de inseguridad en los países, sino la desigualdad social. Las sociedades de consumo proponen, en lo formal, las mismas metas para todos, pero, en la práctica, sólo algunos las pueden alcanzar. La frustración, la violencia y el delito son los frutos de la desigualdad", dice Roxana Kreimer.

La conclusión es el resultado de un estudio desarrollado por esta licenciada en Filosofía y doctora en Ciencias Sociales sobre las causas de delito violento en las sociedades democráticas, una investigación que reúne trabajos de distintos investigadores en el mundo -entre ellos, economistas del Banco Mundial- y cuyas conclusiones y recomendaciones fueron recientemente expuestas en el Senado de la Nación ante legisladores de distintas extracciones políticas. Kreimer, que llevó a cabo su investigación sobre la base de estadísticas que abarcan a unos 40 países, incluida la Argentina, señala: "Una verdadera obsesión en los asaltos violentos es el robo de las zapatillas de marca, que cuestan entre un tercio y un cincuenta por ciento del salario mínimo. Es decir, no se trata simplemente de arrebatar un par de zapatillas, sino de robar una porción de prestigio social".

Kreimer, de 49 años, tiene varios libros publicados. El sentido de la vida (2008) es el último.

-Usted dice que es la desigualdad, y no la pobreza, lo que genera el delito. Entonces, ¿en un país en el que fuéramos todos pobres se acabaría el problema de la inseguridad?

-Bueno, a grandes rasgos, es así. En contextos tradicionalmente pobres, la miseria no genera delitos, ya que no hay una gran distancia entre lo que una persona desea y lo que posee. No podrían aspirar a otra forma de vida sencillamente porque no la conocerían, además de que no habría a quien robarle. Desde ya que la inequidad no es la única variable que produce violencia social, pero sí es la más influyente. Pero cuidado: se trata de la inequidad dentro del contexto de una democracia occidental, que, en teoría, propone un mismo ideal de vida para todos, pero que, en la práctica, permite sólo a unos pocos aspirar a esas oportunidades.

-¿Por qué ha crecido tanto la violencia de los delincuentes?

-Tenemos que recordar que los jóvenes que hoy delinquen crecieron en la década del 90. Vivieron privaciones en la infancia mientras observaban el ascenso de otros grupos sociales. En el acto delictivo, están presentes el resentimiento contra la cultura convencional y el deseo de alcanzar estándares de consumo y de reconocimiento. El clientelismo también hizo lo suyo, porque el hecho de darles planes sociales a algunos y a otros no en la villa contribuyó a aumentar el resentimiento. Por eso, no cualquier plan social sirve para contener la criminalidad.

-¿Y cómo sabe que es la inequidad, y no otra variable, la que más influye sobre la producción de violencia social?

-En mi estudio, tomo, en 2004, países con bajos índices de desigualdad, y allí vemos que Finlandia o Suiza, los más equitativos, son también los más seguros. Y al revés: en El Salvador o en Venezuela, en donde hay mayor inequidad, también hay mayor violencia social.

-¿Y en la Argentina cómo estamos?

-Con la recuperación económica, entre 2001 y 2005, la brecha de desigualdad se acotó un poco y la tasa de criminalidad descendió. Ahora, después de 2007, la inequidad volvió a aumentar y, con ella, presumimos que lo hizo la inseguridad. Pero la falta de estadísticas confiables complica, efectivamente, el diagnóstico y la elaboración de políticas públicas

-¿Qué soluciones les propuso a los senadores?

-Entre las propuestas, incluí un Instituto de Asignación de Empleos dirigido a los sectores más vulnerables. Y, también, un ingreso básico ciudadano, promulgado mediante una ley nacional, que garantice mínimamente la vida. Eso acabaría con el clientelismo.

-Le aviso que va a cosechar críticas y le anticipo su contenido: si hay un ingreso universal, la gente no va a querer trabajar.

-Ese es un prejuicio. La gente no sólo trabaja por dinero, sino porque hace a su identidad, para socializar, para sentirse útil. Es una medida que se está aplicando con éxito en países tan disímiles como Alaska, Brasil, Canadá, Holanda o Sudáfrica. También me parece muy importante que la escuela incluya una educación para la vida. Que enseñe el valor de la no violencia en la resolución de conflictos y el de la templanza.

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